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¡Pasos para sacar provecho a tus emociones!

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Emprendedores, Todos sabemos que las primeras impresiones son muy importantes cuando conocemos a alguien. Son igual de importantes tus reacciones en esta situación. ¿Cuándo fue la última vez que pasaste algo de tiempo pensando sobre la calidad de esas reacciones?

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Hablo de reflejos instantáneos y el tiempo que se tardan en formarse. Estas reacciones son extremadamente poderosas por dos razones: vienen desde dentro de ti y dejan una impresión permanente.

Te dejamos cuatro pasos clave para mejorar la calidad de las decisiones laborales:

1. Conoce tus reflejos.  Algunos de ellos te podrían decir que has visto algo antes o que algo tomará más tiempo para resolverse. A veces tu reflejo te dice que la persona que escribió lo que leiste es un tonto. Identificar estas reacciones te ayudará a darte cuenta qué tan seguido los experimentas y qué tan preciso eres.

2. Calibra tus reacciones. Una vez que estás consciente de tus reflejos, toma nota de los que se enciendan la siguiente vez que pidas información. En los 40 años de mi carrera laboral, he estado en numerosas situaciones donde me dijeron que algo no podía hacerse. Para mí, esas son sólo palabras y mi reflejo inmediato es querer probar que esa persona está equivocada.

Es necesario tomarse un momento y determinar primero que físicamente no se puede hacer eso, en cuyo caso seguiré adelante, o si es lograble pero nadie lo ha intentado todavía. Aunque lo logre, evito aceptar una tarea que me quite tiempo solo para probar algo.

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3. Desde antes, ten mucho cuidado con lo que digas. Si intervienes un poco en el tema, significa que tu boca ha interferido antes que tu cerebro tuviera una oportunidad de reflexionar. No solamente estás involucrado, sino que también debes exhibir consistencia. Es mejor dejar que las cosas estén en tu cabeza por un rato antes de que todo el mundo lo sepa.

4. Modera el reflejo de reconocimiento de patrones. Jerome Groopman es un doctor distinguido y profesor de la Escuela de Medicina de Harvard. En su libro, “Cómo piensan los doctores”, explica que muchos médicos experimentados caen en la trampa de un diagnóstico prematuro porque han visto síntomas similares antes, conocen el resultado anterior y están presionados por el tiempo.